viernes, 11 de marzo de 2011

Conectores 2.0 y networking - ¿Qué es ser conector?

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CONECTORES DE IDEAS, PROYECTOS Y PERSONAS DENTRO DE LAS EMPRESAS

¿Qué es ser conector? ¿Estamos potenciando este rol dentro de las grandes organizaciones? ¿Cuál es su misión dentro de las empresas? ¿Y fuera? ¿Es una actividad laboral o una actitud personal y/o profesional?

El rol de conector dentro de una organización no es nada nuevo: todos los somos en cierta
medida. Todos tenemos la facilidad de actuar de “pegamento” entre ideas y proyectos
o podemos referenciar a la persona adecuada para un fin concreto. La diferencia radica
en que en casi el 100% de los casos es una actividad que hacemos “como añadido”, es decir, que no forma parte de la actividad laboral de cada uno de nosotros.
Resulta curioso que, con la llegada de nuevas formas de trabajar dentro de las organizaciones (metodologías ágiles, implantación de “filosofía 2.0” para nuestros procesos, etc.), hayamos perdido un poco la perspectiva de la gran importancia de seguir alimentando y consolidando una de las actividades más antiguas dentro de cualquier entidad, sea pública
o privada: el networking.

Si, networking. Esa palabra tan castigada por todos nosotros con la llegada de la Web 2.0,
tanto que hemos llegado a menospreciarla dejándola a la altura de un mera red social a la
que acceder desde Internet. Sin desmerecer al buen hacer y la mecanización de la práctica
del networking que nos han dado algunas de las principales redes sociales que circulan
en Internet, creo que la palabra esconde algo más.

Porque el networking es algo más que una plataforma, es algo más que unas esporádicas
reuniones presenciales en las que pasar de un contacto online a offline: para mi networking
es crear nuevas ramas dentro de esa gran red, gracias a la cantidad/calidad de personas
(nodos) con los que tienes contacto dentro de tu ámbito (tu red). Combinando esas relaciones, creamos a su vez nuevas ramas en la red, como hemos comentado, que
puedan seguir teniendo evolución propia: crecer, modificarse, ser temporales, permanentes,
desaparecer o crecer exponencialmente gracias a una combinación acertada en la composición de los nodos (las personas) y la red (el ámbito).

Para los que os veáis reflejados en esta manera de ver el concepto del networking,
y, especialmente, para los que os veáis como esos catalizadores de nuevas ramas en
la red, va dedicado este capítulo.

1. ¿Eres conector?

Para responder a esta pregunta, permitid que os haga un pequeño test:

  • Si te cuentan una buena idea de un compañero, ¿le animas a presentarla a las personas adecuadas?
  • ¿Te has saltado el “cauce establecido” alguna vez para lograr que una propuesta salga adelante?
  • ¿Piensas en global los proyectos, sabiendo que hay que implicar a todas las partes
  • ¿Te implicas y te sientes satisfecho en ayudar a que se consigan los objetivos de los
    que te rodean?

Si has respondido “Si” a tres de estas preguntas, todo indica que tienes un perfil o inquietudes de “conector” dentro de tu ámbito de actuación.

¿Cómo se detecta a un conector dentro de una empresa? Un conector es aquella persona
que, en primer lugar, disfruta de lograr que ideas, personas y/o proyectos lleguen a buen
puerto gracias a la labor de creación de oportunidades para que todo eso coincida en el
momento, espacio y tiempo adecuados. Y reafirmo lo de disfruta porque, en la mayoría
de los casos, no es algo que se realice dentro de la actividad profesional de cada uno,
sino que parte del propio interés personal de la persona que actúa de conector.

Otro de los factores que ayuda a detectar este perfil cada vez más valioso en las organizaciones (más si cabe cuanto más grande y distribuida está la empresa) es su amplio
conocimiento de las actividades que se realizan dentro de la compañía (que puede ser
profundo en algunas de ellas y más ligero en otras). Y el conocimiento no tiene porqué quedarse en su perfil concreto (técnico, gestor, control, etc.), sino que trasciende a tener una visión más horizontal de las actividades que se hacían, hacen y están previstas hacerse. Para un conector, estar al tanto de las personas y proyectos que participan en el día a día es básico para que su actividad sea lo más productiva posible.

Los conectores en las organizaciones no hay que buscarlos: todos los conocemos. Son las
típicas personas con las que contactas cuando no sabes cómo solucionar un problema o
tienes una propuesta y recurres a ellos para que te aconsejen cómo escalar el tema en cuestión y, sobre todo, a quién hacerlo.

Las empresas empiezan a valorar a los empleados que piensan y actúan diferente, que
son el motor del cambio de mentalidad empresarial que nos obliga los nuevos tiempos. Asimismo, somos nosotros, como profesionales, los que hemos elevado el listón sobre en
qué tipo de empresa queremos trabajar. Resulta paradójico que esta corriente de cambio
empresarial-laboral se reafirme en un escenario de crisis, miedo a perder el empleo, precariedad en el empleo, etc. O, quizá, no sea fruto de la casualidad y haya ido necesariamente unido a este nuevo ecosistema en el que nos ha tocado vivir el cambio.

El conector todavía será visto como “rara avis” dentro de las organizaciones: probablemente
seguirá asociándose al empleado algo díscolo, que se inmiscuye en labores a las que
no ha sido invitado a participar. Un consejo a las empresas, administraciones públicas y
universidades: aprovechad las ganas e ilusión de esas personas y planteadles retos en los
que sea necesaria la participación y unión de varias áreas. Y otro consejo a esos conectores; seguid remando a contracorriente con fuerza y constancia, aunque las aguas cada vez vengan más revueltas: suele ser la señal de que estáis llegando al origen del río y podáis cambiar el cauce si llegáis muchos.

2. Empresa: ¿por qué tener conectores?
Para una persona que se considere conector hay un fuerte arraigo de satisfacción personal por ayudar a que las propuestas salgan adelante. Pero, aparte de la indudable labor beneficiosa que se puede hacer dentro de las organizaciones cuando la implicación va más allá de las “labores establecidas”, ¿por qué debe la empresa potenciar este rol?
“El mayor valor de esta compañía son las personas que la componen”: ¿cuántas veces habéis leído o escuchado (o incluso escrito) esta frase? ¿Realmente nos lo creemos? ¿Somos las personas el mayor valor de las empresas? Pues, como en botica, hay de todo. Lo que parece evidente es que hay una relación directa entre la satisfacción laboral del empleado con su rendimiento en sus actividades. ¿Y qué hay mejor que una empresa que facilita lo máximo posible que se valoren las buenas ideas de los empleados, creando sinergias con otras áreas para hacerlas realidad? El rol del conector tiene un papel clave en ese escenario, no sólo haciendo fluir esas propuestas entre las áreas más adecuadas, sino ofreciendo un “campo de cultivo” para crear grupos de trabajo con roles complementarios.

Otro de los debates candentes, y que impacta de lleno en la conveniencia de tener conectores dentro de las organizaciones, es el nuevo modelo de empresa que estamos empezando a identificar según nos vamos adentrando al siglo XXI: las empresas ya no son un castillo con enormes muros de piedra. De repente, alguien ha pensado que no estaría mal empezar a abrir puertas en esos muros para poder invitar a otros a entrar y crear actividades conjuntas. La empresa abierta, y su vertiente en la actividad de innovación (Open Innovation), han hecho ver a las empresas que necesitan perfiles de personas que “conecten” a empresas y personas alrededor de proyectos de interés común.

No, no me estoy refiriendo a una actividad comercial como la que estamos habituados a
conocer: el modelo de empresa abierta parte de unas premisas de confianza entre todas
las partes, que requiere de perfiles que conozcan muy bien lo que se hace dentro, pero
que también tengan una actividad conectora fuera de esos muros: bien porque participan
activamente en actividades por interés meramente personal, bien porque conocen nodos
que pueden ser un aliado muy interesante para la nueva rama de la red que se empieza a
querer tejer.

Y el modelo abierto no sólo surge en las empresas, sino que también tiene su espacio en
las otras dos “hélices” que tienen que impulsar en buena parte el avance de la sociedad
en muchos aspectos: la universidad (como exponente de los centros educativos en general)
y las administraciones públicas. Según Etzkowitz, estos tres ejes son los que deben complementarse entre sí para que los tres juntos impulsen el correcto funcionamiento de
nuestra sociedad: más docentes con experiencia en el mundo empresa que puedan formar
a los futuros profesionales, más investigadores en las empresas que puedan aplicar
los estudios desarrollados en el ámbito educativo a áreas de investigación y el fomento
de esas relaciones por parte de las administraciones públicas. ¿Acaso no hay un gran perfil
de conector en medio de esas tres hélices?.

3. Conectores en red y el poder de Internet
Probablemente uno de los factores más importantes, si no el mayor, para un conector es
Internet. Resulta curioso que hayamos tenido que “mecanizar”, en cierta forma, nuestra
red de contactos en Internet para darnos cuenta del potencial que tiene esta actividad
que llevamos haciendo dentro de las empresas desde siempre. De nuevo, Internet nos
quita el velo de los ojos para que veamos lo que ya estábamos haciendo. Internet nos ha multiplicado exponencialmente las posibilidades de seguir tejiendo nuestra red de conexión y crear nuevas ramas de interés. Donde antes existía la barrera física, en el que el rol de conector era más complicado, ahora nos han abierto la puerta a un mundo en el que todo puede ser digital. Mi consejo: aprovechar el empuje que nos ofrece las TIC, sin descuidar la faceta más humana de la actividad del networking (siempre he sido más de hablar con las personas que con las máquinas).

Internet también permite descubrir a personas que siempre han tenido ese rol pero quizá
no se hayan dado cuenta hasta que han abierto esta caja de sorpresas, como son las
redes sociales. Un valor añadido que ofrece Internet en este aspecto a las empresas es la
posibilidad de que sean los propios empleados los que interactúen entre ellos, facilitando
la colaboración y estableciendo nuevas relaciones de confianza desde un ámbito externo a las típicas herramientas de colaboración de las grandes organizaciones. Se vislumbran
aires de redes de conectores de empresas, pero fuera de ellas. ¿Paradójico, verdad?

Probablemente a más de un responsable de Comunicación o RRHH se le haya erizado
ligeramente el pelo ante el párrafo anterior: ¿empleados haciendo piña en las redes sociales? ¿sin estar nosotros dentro, controlando?

Que no se me preocupen: sí, el poder de la nueva forma de comunicarnos trae consigo muchas cosas buenas, y una es la transparencia: de repente nos han puesto un escaparate al público. Y digo buenas, porque creo firmemente que las empresas pueden aprovechar el empuje de este movimiento tecnológico (y que también tiene mucha parte de social) para seguir mejorando. Forma parte de la nueva cultura en las empresas: las que se adapten a esta nueva forma de convivencia empresa-empleados saldrán bien paradas; las que se dediquen a poner trabas acabarán en una situación complicada en cuanto a reputación entre los empleados, accionistas, proveedores, etc. Y sí, aquellas que no sólo se adapten, sino que lo potencien, serán las que más provecho podrán sacar a aquellos empleados que ven en las redes sociales un espacio para aplanar las estructuras jerárquicas y un soplo de aire fresco a la hora de actuar de conectores, proponer ideas, exponer puntos de vista, etc.

"La innovación nace de las personas, mucho más que de las organizaciones. Éstas pueden dotar de un ambiente propicio a sus personas, pero sin las personas adecuadas, no hay posibilidad alguna de innovar".

Extraído de EOI - Inprendedores 2011 (PDF)

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